Por tanto, el estrés nace en cada individuo cuando éste no se siente capaz de afrontar la situación que se le presenta y por ello se da una sobrecarga de
tensión.
Cuando el cuerpo empieza a sentir malestar por estrés nos encontramos con las siguientes consecuencias en:
- La salud. Muchos de los síntomas repercuten en la salud y cambian los hábitos de la persona:
o Empiezan a comer y beber en exceso.
o Insomnio.
o Taquicardias, temblores, mareos, dolores de cabeza, etc.
- El rendimiento: La persona con estrés rinde menos. Entre los síntomas nos encontramos con dos básicos:
o Disminuye la atención y concentración.
o Aumenta la
ansiedad y depresión.
- Las relaciones interpersonales. Se potencia:
o Irritabilidad.
o Ira.
o Nerviosismo.
- El aspecto cognitivo. Algunos de los síntomas son:
o Disminuye la atención, memoria, concentración, etc.
o Se dificulta la toma de decisiones, la formulación de juicios de valor...
En adultos, el estrés se da por diversas causas, pero las más frecuentes son a nivel laboral (incapacidad para hacer frente a todo el trabajo, situación de paro, problemas económicos, etc.) y familiar (problemas en las relaciones con los otros miembros de la familia).
Desde la psicología, se hace necesario trabajar las destrezas y habilidades de las personas para que aprendan a afrontar las situaciones que les producen estrés, dotándoles de mayor autonomía, herramientas y control.