Al fracasar en lectura, escritura, razonamiento, truncamos algo mucho más importante que el reconocer las palabras escritas, truncamos la gran posibilidad de desenvolvernos en las actividades más comunes en las que nos vemos envueltos cada día.
¿Qué hacer entonces si vemos que nuestro hijo tiene dificultades en el aprendizaje?
Es importante que se evalúe de dónde provienen esas dificultades para poder poner los medios adecuados.
Si se trata de una deficiencia o dificultad en áreas que están por debajo de los aprendizajes, no se va a arreglar nada con presionar al niño y obligarle a que trabaje el doble porque parece que lo requiera. Es preciso que se lleve a cabo un tratamiento enfocado a mejorar estos aspectos lo antes posible. Sin ello el niño no solo no saldrá adelante, sino que agravará sus problemas al irse sintiendo cada vez más al margen de los conocimientos del curso y, en ocasiones, hasta de los propios compañeros.
Ni los padres, ni los propios
niños tienen por qué darse cuenta del por qué de su bajo rendimiento. Muchas de las consultas que hacen los padres se realizan porque los niños van mal en el colegio o en la escuela, pero casi ninguno conoce el por qué de estos resultados. Es muy importante saber si por ejemplo el niño no puede, no quiere, le falta simplemente una pequeña o gran
ayuda, está pasando por un difícil momento a nivel personal, tiene problemas con los compañeros o con los profesores, o infinidad de otros posibles motivos que nos encontramos en la práctica de la psicología diaria. El hecho de que el niño no esté "triunfando" en los estudios, es un grave detonante que hace que muchos se sientan desplazados e incomprendidos tanto por sus padres, como por sus profesores, como por sus compañeros.
Cuanto antes se diagnostiquen las dificultades en estas áreas, antes conseguirá el niño adquirir las habilidades para afrontar los aprendizajes posteriores.
En la reeducación tratamos diferentes problemas empleando para ello diversas estrategias metodológicas y ofreciéndole al niño recursos suficientes para superarlos.
Para
trastornos de la lectoescritura, por ejemplo, será necesario trabajar la velocidad y exactitud lectora, la conciencia fonológica, errores como uniones, separaciones, omisiones, etc. Así mismo, se trataría la disgrafía, disortografía, expresión oral y escrita.
Enseñarles a
comprender textos estructurando la información, haciendo inferencias cada vez más complejas y a diferenciar las ideas más o menos importantes.
En cambio, en los
deficits de atención con o sin hiperactividad, las áreas a tratar serán totalmente diferentes, en este caso los programas están orientados a la
impulsividad, la reflexividad, distintos tipos de atención, etc.
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